Entrevista a Giuseppe Grisolia

Giuseppe, tú eres el hermano mayor de Carlo, ¿verdad?

Sí, mis padres (Alfonso y Clara) tuvieron cinco hijos: Paolo, Titti, Carlo, yo y Fiorella, que murió muy chiquita.

Al haber sido hermano de Carlo, tu ángulo de visión es ciertamente privilegiado: ¿puedes decirnos algo importante para comprenderlo mejor, para conocerlo mejor?

Génova en los años 70 y 80 era una ciudad muy viva y activa cultural y políticamente: había mucho empeño en cambiar la sociedad, en mejorarla, aunque obviamente los planteamientos y las recetas ideológicas eran diferentes. Y los jóvenes intentábamos aportar nuestra contribución. Florecieron asociaciones, grupos, periódicos de barrio, asambleas para debatir, para entender cómo podíamos actuar en favor del cambio que muchos deseaban. Yo elegí un camino político muy marcado por los ideales de justicia de la izquierda. Carlo creía mucho más en la revolución que puede traer el Evangelio vivido. Pero ésta diferencia de opiniones no nos distanció.

¿Cuáles eran los puntos de referencia de Carlo?

Evidentemente, el Evangelio. Pero tenía en Chiara Lubich y en su espiritualidad la guía para vivirlo concretamente.

¿Cómo era la amistad con Alberto?

Carlo tenía un profundo (yo diría casi sagrado…) sentido de la amistad. Tenía muchos amigos. Sin embargo la amistad con Alberto era realmente especial. Había algo profundo que los unía. Pero lo importante era que la suya no era una amistad cerrada, sino abierta a todos, y muchos podían disfrutarla y participar en ella.

¿Carlo tenía novia?

Sí, Cintia. Siempre me llamó la atención el profundo respeto que sentía por ella, más allá del amor.

¿Otra característica de su ser?

Carlo es conocido por haber sido poeta y cantautor, lo que podría hacer de él un tipo más bien introvertido y retraído para quienes no le conocieran superficialmente. Pero tenía una vida muy hacia afuera. Una palabra que resume mucho de la vida de mi hermano es la palabra: don. Carlo siempre intentaba poner a los demás por delante de sí mismo, de sus propias necesidades. El otro estaba en el centro. Intentaba amar concretamente a las personas sin esperar nada a cambio: por ejemplo, su cercanía concreta y fiel a lo largo del tiempo con un amigo drogadicto fue muy importante en su problemática lucha contra la droga.

¿Hay algún episodio emblemático de este vivir para los demás?

Recuerdo uno en particular: con un amigo y Carlo fuimos una vez a una zona muy abandonada de nuestro barrio: nuestro objetivo era hacer fotos de casas, alcantarillas, aceras, etc. para denunciar su degradación a las autoridades municipales. En medio de esta actividad, Carlo en un momento dado lo dejó todo a un lado y dio prioridad a un niño con el que se había cruzado y que tenía una brújula para jugar pero que no entendía cómo funcionaba. Pacientemente, se puso a explicarle cómo funcionaba. La foto que le hicimos dice mucho más que las palabras: delante de él estaba la persona más importante, más que la razón misma por la que había ido allí. Esto era Carlo.

 

Como hermano, obviamente habrás experimentado algunos de sus defectos…

Por supuesto. De él puedo decir que era un chico bastante desordenado en sus cosas. Dejaba la ropa tendida donde podía, rara vez hacía la cama, y donde estudiaba era un desorden de papeles, libros abiertos y lápices. Otra cosa que había notado en Carlo era su intolerancia a las normas, especialmente a las normas de convivencia en nuestra familia, que, al ser numerosa, requería un poco de cooperación por parte de todos. Por ejemplo, si había turnos para lavar los platos, a menudo se escabullía y esto me enfadaba mucho. Creo que esta característica estaba probablemente ligada a su condición de artista, que le llevaba a ser un tanto «anárquico». Un último defecto (si se le puede llamar así). Cuando él y sus amigos discutían sobre los más variados temas sociales y políticos, Carlo, que era muy delicado y sensible, escuchaba, pero cuando le tocaba a él expresar sus ideas, a menudo terminaba haciendo argumentaciones que eran un fin en sí mismas: no llegaba a una conclusión o tocaba otros temas, terminando por ser casi polémico. Y esto me molestaba a mí y también a algunos de sus amigos. Pero en los años de secundaria, los últimos cuatro o cinco años de su vida, fui testigo de un cambio lento y gradual en él. Carlo había empezado silenciosamente a ocuparse de sus defectos: intentaba ser ordenado en sus asuntos, respetar más las reglas de la vida familiar y ser más atento en su diálogo con los demás. En este último punto, Carlos había avanzado mucho, fuerte en su capacidad de escucha y en su sensibilidad, había refinado su manera de pensar y, por tanto, de expresar sus pensamientos. Profundizando en las cosas. Ayudado, en esto, por ese impulso de búsqueda de la Verdad que le distinguía. Sin duda, para Carlo fue un camino duro y de mucho esfuerzo, pero formaba parte de su elección de vida: profundizar en las cosas y en su relación con los demás.