Entrevista a Bruno Dapino

¿Cuándo conociste a Alberto y en qué ocasión?

Nos conocimos a los 15 años, teníamos la misma edad, cuando él y su familia se mudaron a mi barrio y empezamos a ir a la parroquia juntos.

¿Hubo alguna característica de Alberto que apreciaste?

Su disposición a ayudar a todo el mundo, a vivir todo el rato sólo para la persona con la que estaba

¿Tenía algún defecto, en tu opinión?

En su adolescencia nunca quiso ser el segundo de nadie.

Fuiste una de las últimas personas que estuvo con Alberto: ¿qué recuerdos tienes de esos últimos momentos?

Nos separamos después de una ascensión al Monte Rosa, yo volvía a casa, el último recuerdo es su despedida cuando subí al autobús: estábamos felices por haber compartido durante esas semanas en la montaña con tantos chicos y chicas, donde hubo tantas oportunidades de diversión y amor mutuo: esto último se ha quedado en mi corazón.

Formas parte del comité que se encarga de dar a conocer a Alberto y Carlo: ¿cuál es tu experiencia?

Es una experiencia que me llena de gratitud hacia los dos porque me permite estar en contacto con tantos jóvenes y llevarles el mensaje del amor reciproco, que conlleva estar siempre al servicio de los demás pero sabiendo que tengo a alguien con quien he vivido una verdadera amistad que me apoya en los momentos difíciles.

¿Existen curaciones milagrosas obtenidas por intercesión de Alberto y Carlos en estudio?

Ninguna que yo sepa.

Es obvio que la Iglesia tiene la última palabra sobre la causa de beatificación, pero tu Bruno, ¿estás convencido de la santidad de Alberto? ¿Por qué?

Si por santidad entiendes un ejemplo de vida cristiana realizada, sí estoy convencido de que Alberto es un santo porque en los últimos años he podido conocer a muchas personas que, mirando la vida de Alberto, han pasado por fases dolorosas de su vida sin perder la esperanza y la confianza.

Si hablaras ante un auditorio de jóvenes no creyentes, ¿qué les contarías de Alberto?

Creo que la historia de Alberto es para todos, creyentes y no creyentes, el amor, el servicio y la amistad son valores universales, y él tenía muchos amigos no creyentes, por lo que les contaría muchos episodios de la vida de Alberto con sus amigos.

¿Sigue siendo pertinente hablar de santidad?

Como he dicho antes, si por santidad entendemos un ejemplo de vida plena, diría que sí, que sigue siendo relevante. No creo que la santidad sea la que se pone en los altares, la que hace sentir diferentes a los que no se sienten iguales a Jesús, creo que la santidad hoy es la de aquellos que lo intentan y que, si fracasan, vuelven a empezar a cada momento.

¿Cómo ha influido en tu vida de esposo, padre, trabajador, cristiano comprometido el haber conocido a Alberto Michelotti?

En mi vida siempre he creído que nuestra relación no terminó el 18 de agosto de 1980, nuestra amistad ha continuado y en mis opciones de vida siempre he contado con su presencia. A menudo he pedido su ayuda, la experiencia que vivimos juntos en el grupo parroquial ha formado mi pensamiento, toda mi vida ha sido consecuencia de esta formación